Estaba yo en 2do de Polimodal cuando escribí lo siguiente, para completar una tarea de Lengua en donde debíamos ensayar sobre algún tema a elección:
Violencia computarizada“Marquitos, dale, apurate que la abuela nos espera para comer”, le dice la madre a su hijo de trece años, mientras se pone el abrigo. “No, Ma, no tengo ganas de ir, estoy jugando a la compu”, le contesta el adolescente mientras termina de machacar al último de los “enemigos” con un cuchillo. “Está bien, te dejo comida en el microondas para después”, termina diciendo la madre. O si no: “Dale Juan, apagá la compu que vamos a comer, acaba de llegar tu papá de trabajar”, le grita desde la cocina la cansada ama de casa a su primogénito de dieciséis años. “No, en un rato voy… de última después me como un sandwichito” contesta el chico al tiempo que tira una bomba molotov a un grupo de policías que intentan detenerlo. “Bueno, pero no comés postre”, intenta amenazar la madre. E incluso, en el más patético de los casos: “Papi, ¿me llevás a la plaza a jugar a la pelota?”, reclama el hijo en edad preescolar a su padre. “No, Juancito, andá a jugar a la compu que Papá está ocupado” contesta el “padre” al tiempo que cambia del canal de música al de TV-compras sin ni siquiera mirar a su hijo. Estos intercambios verbales (porque ni siquiera pueden ser llamados conversaciones) son muy comunes en la sociedad actual.Los juegos informáticos denominados “First Person Shooting” (FPS), donde el jugador debe dispararles a otros jugadores o personajes manejados por la computadora se han hecho muy populares. En todos lados se leen notas o se ven campañas en contra de este tipo de juegos, alegando que los jugadores sufren trastornos psicológicos que los llevan a confundir la realidad con la ficción, generando así adolescentes violentos y criminales potenciales. Pero hay que ser justos con los juegos, esta afirmación es muy parcial.Es verdad que se han registrado casos, mundialmente conocidos, de violencia inducida por los FPS. Todos escuchamos sobre el joven alemán que entró a la escuela armado con una pistola calibre 32 y mató a tres profesores. Pero, seamos realistas, es imposible que tal grado de violencia sea impulsado sólo por el hecho de pasar dos horas diarias frente a una computadora, disparándole a imágenes digitales. Sería ilógico pensar que un adolescente completamente sano psicológicamente, luego de pasar varias horas jugando un juego violento, se puede transformar en un psicópata asesino.La realidad es que a la hora de juzgar estos casos hay que tener en cuenta el ambiente en que vive el individuo, la música que escucha, su situación económica, familiar, etc. Durante la segunda mitad del siglo XX los jóvenes fueron “víctimas” del bombardeo de la sociedad de consumo: las modas fueron orientadas a ellos, la música se popularizó entre la juventud (sobre todo desde el surgimiento del rock&roll), la publicidad apuntó a ellos constantemente. Pero esos abusos no le son gratis a la sociedad en general, por culpa de éstos, los jóvenes se independizan más rápido, consumen más, se “avivan” mas temprano y sus mentes se pervierten más fácil. Y ahí está la clave de todo, todos esos ataques a las mentes en formación derivan en los casos de violencia juvenil.“Es que son los juegos los que encienden la mecha para explotar todo eso” dirán muchos. Pero creo que, en todo caso, el problema no son los juegos en sí mismos, sino la importancia que se les da. No sería justo culpar sólo a los juegos cuando las canciones que escuchamos dicen frases como “I want to slit your throat and f**ck the wound” (“Quiero cortarte la gargante y c*****e la herida”). No sería justo culpar sólo a los juegos cuando en el 50% de los hogares existe violencia familiar (tanto verbal como física). En fin, no sería justo culpar sólo a los juegos cuando, en la sociedad en que vivimos, la misma familia permite que los juegos ocupen lugares que le corresponden a ella.”Mariano Simone, 2002
Pasaron varios casos más de “loquitos” que matan a compañeros de colegio o facultad, jodieron muchas veces a Rockstar y afines… y la sociedad no cambió ni un poquito

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